
Felicia buscó expresar la idea de que la identidad y el amor maternal van más allá de los rasgos físicos al pintar a su hijo con el rostro difuminado. La obra resalta la conexión emocional y la singularidad de la relación madre-hijo, invitando a reflexionar sobre el vínculo especial que comparten. El rostro difuminado simboliza la intangibilidad del amor y la importancia de la conexión emocional en la maternidad.